Enfermedades cardiacas: atender los síntomas de alarma

  • 17 mayo 2020
  • Autor: Dr. García Bolao
  • Categoría: Actualidad
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Enfermedades cardiacas: atender los síntomas de alarma

En torno a un 40% de la población española es hipertensa, aunque un tercio está sin diagnosticar. Por ello, en el Día Mundial de la Hipertensión Arterial, se busca concienciar de la importancia de conocer nuestra tensión y prevenir el desarrollo de esta dolencia. Una prevención, en todas las enfermedades cardiacas, que este año cobra especial relevancia debido a la situación originada por el COVID-19.

“En este momento en el que se ha conseguido controlar, en cierto modo, la situación del COVID-19, nos encontramos con que los estragos los están provocando otras enfermedades que en los últimos meses se han tenido relativamente desatendidas por la presión asistencial causada por el coronavirus. Estas dolencias son por ejemplo, la angina de pecho, las arritmias cardiacas o la insuficiencia cardiaca”, advierte el Dr. Ignacio García Bolao, director del Departamento de Cardiología y Cirugía Cardiaca de la Clínica.

La detección temprana de estas dolencias es fundamental para que el pronóstico sea más favorable y evitar posibles afectaciones secundarias. Por ejemplo, ante un infarto de miocardio la respuesta inmediata y la iniciación del tratamiento, incluso antes del diagnóstico, es clave para la mejora del paciente.

“Actualmente, en especial, debemos estar muy pendientes de unos síntomas relacionados con las enfermedades cardiacas como: el dolor torácico o en el pecho (vinculado a la cardiopatía isquémica o infarto de miocardio), la fatiga o disnea (ante una insuficiencia cardiaca) y la presencia de palpitaciones o taquicardias (reflejo de una enfermedad arrítmica)”, aconseja el especialista.

Unos primeros signos de alarma ante los que es necesario acudir al especialista. Pese a la situación originada por el coronavirus, la seguridad siempre ha sido el objetivo para ofrecer la mejor asistencia al paciente. “En la Clínica hemos trabajado en protocolos de diferente índole, tanto en pacientes ambulatorios como ingresados, para la constatación de que el paciente (y su acompañante) no tiene una infección activa y que los profesionales que le atienden también estén sanos y no puedan propagar la enfermedad. Unas medidas para obtener una seguridad máxima en la asistencia”, explica.



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