Diabetes: alimentación, ejercicio y educación

  • 19 febrero 2018
  • Autor: Dr. Javier Escalada
  • Categoría: Actualidad
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Diabetes: alimentación, ejercicio y educación

Silenciosa. Así es en muchas ocasiones la diabetes. Asintomática hasta que una analítica rutinaria detecta esta alteración del metabolismo de la glucosa. Una presencia insuficiente de insulina que provoca una elevación del azúcar en sangre. Pese a que presenta una tipología variada, el 90% de los casos son de diabetes tipo 2, en la que el déficit relativo de insulina coexiste con una resistencia a la insulina. Junto a ella, la de tipo 1, en la que el sistema inmunitario ataca las células productoras de insulína, ocasionando un déficit absoluto de la misma.

El objetivo es claro: conseguir un adecuado nivel de glucosa en sangre. La inyección de insulina es el único tratamiento en la diabetes tipo 1, mientras que en la tipo 2 se consigue en muchos casos con fármacos antidiabéticos “no insulínicos”. Sin embargo, además del tratamiento farmacológico, hay tres claves en torno a la diabetes y su correcto control. “El plan de alimentación, el ejercicio físico y las recomendaciones que damos en la educación diabetológica son clave para cualquier paciente”, reconoce el Dr. Javier Escalada, especialista del Departamento de Endocrinología y Nutrición con dedicación preferencial a la Diabetes Mellitus de la Clínica Universidad de Navarra.

  1. Alimentación

“No podemos pretender eliminar todos los azúcares e hidratos de carbono de la pauta de alimentación de una persona”

“En cuanto realizamos un diagnóstico de diabetes en un paciente enseguida hablamos de alimentación”. Es una enfermedad producida por el nivel de azúcar en sangre, por lo que es el principal elemento a cuidar en la dieta. Además, el azúcar se relaciona con los hidratos de carbono, pese a que no son exactamente lo mismo. Un componente que se encuentra en cereales, legumbres, pastas, fruta, pan o patatas.

“No podemos pretender eliminar todos estos elementos de la pauta de alimentación de una persona”, admite. Lo que se busca es eliminar los azúcares rápidos. Por ejemplo, de los alimentos procesados o cereales de desayuno. A raíz de ahí, mantener ciertos hidratos de carbono que tengan fibra y una absorción más lenta en glucosa. Un factor que en cada persona se produce de un modo diferente y que por tanto marcará su dieta. “Hay que mantener una alimentación equilibrada, donde todo tiene que estar presente pero en su porcentaje adecuado y con alimentos que tengan grasas buenas, carbohidratos buenos y un aporte proteico equilibrado”.

  1. Ejercicio

La alimentación necesita ir acompañada de ejercicio para mantener los niveles de glucosa estables. Especialmente, aquellas personas que padecen diabetes tipo 2 donde la obesidad juega un papel crucial. El 80% de los pacientes con este tipo de diabetes son obesos. Además, cuentan con una situación de resistencia a la insulina, ya que pese a que son capaces de producirla ésta no funciona del todo bien. “La práctica de ejercicio y la pérdida de peso mejoran esa resistencia. Hacen que sean más sensibles a su propia insulina y nos va a permitir que la glucosa se mantenga mejor y que, incluso, podamos controlar la situación con menos fármacos”.

Se considera que el efecto del ejercicio bien planificado es equivalente a lo que puede conseguir un fármaco antidiabético, con beneficios adicionales sobre otros factores de riesgo cardiovascular.

  1. Educación diabetológica

“Nosotros consideramos que cuanta más información tengan el paciente y el médico que le lleve es mucho mejor a la hora de tomar decisiones en el tratamiento”. Esta educación consiste en conocer tanto la enfermedad, sus causas y consecuencias, como en conocer el comportamiento de la diabetes en uno mismo. Descubrir qué pasa con la glucosa ante la toma de determinados alimentos o al hacer un entrenamiento preciso. Para ello, se llevan a cabo mediciones del nivel de la glucosa, que puede hacerse por uno mismo con un pinchazo en el dedo o mediante sistemas que permiten mediciones continuas de glucosa en el líquido intersticial.



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