Las vacunas, ¿por qué confiar en ellas?

  • 4 enero 2021
  • Autor: Dra. Belén Sádaba
  • Categoría: Actualidad
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Las vacunas, ¿por qué confiar en ellas?

La entrada del nuevo año, tras la irrupción de la COVID-19 el pasado mes de marzo, viene ligada a la esperanza de frenar la pandemia y conseguir vencer al virus. Para ello, la esperanza está puesta en la vacuna. Son varios los países que han empezado ya el proceso de vacunación y se espera, según indican las autoridades, que este mes de enero comience en España.

La necesidad de una herramienta que prevenga la infección y ponga así freno a los contagios, ha llevado a una investigación sin precedentes. La inversión económica, humana y científica realizada para el desarrollo de las vacunas ha conseguido reducir los plazos habituales y que se pueda terminar el año con vacunas ya comercializadas o con varios ensayos en sus últimas fases. Sin embargo, esto ha generado también muchas dudas entre la población.

“La vacunación protege incluso a la población de no vacunados (por la llamada inmunidad de grupo o rebaño) debido a que un porcentaje elevado de individuos inmunes no transmitirá la enfermedad y actuará como una barrera de protección. Por lo tanto, es importante vacunarse porque así nos protegernos a nosotros mismos y protegemos a quienes nos rodean, de esta forma todos nos implicamos para conseguir el bienestar de todos. Solo el acto de la vacunación conseguirá que se reduzca la mortalidad y que superemos las terribles consecuencias de toda índole que nos están condicionando”, explica la Dra. Belén Sádaba, especialista de Farmacología Clínica de la Clínica.

Por ello, la Dra. Sádaba trata de resolver algunas de las principales dudas en torno a las vacunas.

¿En qué consiste la vacuna?

Una vacuna es un medicamento que se utiliza para prevenir enfermedades mediante el estímulo del sistema inmunitario. Está compuesto por una parte del material biológico del germen, generalmente virus o bacterias, que el cuerpo va a detectar una vez administrada la vacuna. El organismo, al reconocer este material como extraño va a estimular una respuesta inmunitaria para eliminarlo, estimulando unas células específicas de defensa y produciendo anticuerpos.

Esta respuesta queda preparada para futuros ataques, como recuerdo, y es entonces cuando se dice que esa persona está inmunizada. ¿Cuánto dura esta inmunización? Depende de cada enfermedad y de cada vacuna, pero puede durar años e, incluso, toda la vida.

¿Cómo se producen?

Como cualquier medicamento, la investigación con vacunas debe superar una serie de fases. Primero se produce una investigación preclínica donde se evalúan los componentes y procesos de fabricación y, además, los efectos que producen. Si los resultados son adecuados, se pasa a la investigación en ensayos clínicos. Esta investigación clínica es un proceso muy controlado, sometido a revisiones éticas y con una normativa rigurosa, cuyo objetivo es la protección de los derechos, la seguridad y el bienestar de los individuos participantes y garantizar la calidad científica de los datos obtenidos en un ensayo clínico.

En este caso, la investigación de las vacunas frente a la COVID-19 no ha prescindido de ninguno de estos controles, se ha conseguido hacer más eficientes todos los procesos porque la situación lo exigía.

¿Cuál es su proceso de control?

Se distinguen tres fases donde paulatinamente se valoran la seguridad, se definen las dosis, se mide la respuesta, la eficacia para proteger de la enfermedad en un estudio frente a un placebo y se evalúan los efectos adversos menos frecuentes.

Siempre se evalúa la relación entre el riesgo de la vacuna y sus beneficios. Solo si esta relación es favorable se puede autorizar un medicamento. Pocas medidas preventivas y, con certeza, ninguna terapéutica tienen una relación beneficio/riesgo tan favorable como las vacunas, con las que se puede decir con seguridad “más vale prevenir que curar”.

Por último, después de su comercialización, los distintos países han desarrollado sistemas de farmacovigilancia continua, a los que los profesionales sanitarios envían sus sospechas de reacciones adversas a un medicamento. Incluso, cualquier ciudadano puede informar sobre problemas de seguridad con un fármaco. Esto permite detectar si aparecen problemas durante el uso habitual del medicamento para tomar las medidas oportunas, incluso la retirada del mercado.

¿Genera efectos secundarios?

A pesar de esta vigilancia y de los datos objetivos, hay preocupación entre la población sobre la seguridad de las vacunas, sobre todo en los niños. Lo cierto es que las vacunas se han utilizado en millones de personas sanas, un número mucho mayor que con cualquier otro medicamento, porque tienen un buen perfil de seguridad.

A veces se pueden notar síntomas locales, como enrojecimiento o dolor en la zona del pinchazo, algunas décimas de fiebre o dolor de cabeza. En general son síntomas leves, fáciles de controlar. A veces se produce un síncope coincidiendo con la administración y hasta 12 horas después, que se recupera espontáneamente. Por eso es conveniente vigilar durante 15-30 minutos tras la administración.

En algunos pacientes hay que tener precauciones especiales. No se puede vacunar un paciente si presentó una reacción alérgica a otra vacuna con anterioridad. En los pacientes con enfermedades inmunológicas y en las embarazadas no se pueden administrar las vacunas vivas. Tampoco es aconsejable vacunar cando una persona presenta una enfermedad moderada o grave, habrá que valorar cada caso.



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