Verano: cómo evitar la deshidratación

  • 27 julio 2020
  • Autor: Dr. Nicolás García
  • Categoría: Vida sana
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Verano: cómo evitar la deshidratación

Las altas temperaturas, el cloro o la mayor asistencia a sitios públicos de gran afluencia (como piscinas o playas) pueden favorecer la aparición de enfermedades recurrentes en el periodo estival. Las infecciones cutáneas por hongos, la conjuntivitis, los golpes de calor o la deshidratación son dolencias que durante el verano tienen una mayor incidencia.

Afectaciones que, en general, no cursan con gravedad pero que pueden resultar molestas y afectar a nuestra calidad de vida. Por ello, especialistas de la Clínica ofrecen una serie de consejos prácticos para prevenir su aparición y, así, evitar imprevistos durante las vacaciones.

Deshidratación

El agua es imprescindible para nuestra vida. Nuestro organismo necesita una adecuada hidratación para mantener los niveles óptimos de agua. Un aspecto que en verano, debido al calor, se ve alterado debido a un aumento de la pérdida de agua mediante la piel, respiración y sudoración, principalmente.

“Tenemos que esforzarnos por tener un buen estado de hidratación, porque es muy importante para todas las funciones del organismo. En verano podemos perder mucha agua y, a veces, no ser del todo conscientes porque el mecanismo de la sed no funciona correctamente o porque, aunque nos invite a beber, no siempre lo hacemos o podemos”, advierte el Dr. Nicolás García, especialista de Medicina Interna de la Clínica.

Para ello, es fundamental beber líquidos. Pero, ¿qué tipo de bebidas? “En el fondo, el mejor líquido es el agua, si puede ser con bajo contenido de sodio. También se puede beber mediante infusiones, café o té, pero estas últimas pueden tener otros efectos que quizá no nos interesen tanto. En una situación de enfermedad, como un cuadro gastrointestinal, sí interesa beber agua con solutos”.

Si de normal, de forma general, es recomendable beber entre 1.5 y 2 litros de agua diarios, en verano es preferible aumentar esa ingesta hasta los 2.5 litros. La temperatura ambiente, la humedad o el ejercicio físico son factores que van a influir en las necesidades diarias de agua.

Pero, si resulta difícil beber tanto líquido, también se puede obtener el agua mediante los alimentos. “Es bueno que hagamos una dieta con mucho producto rico en agua y equilibrar nuestra hidratación con fruta o verdura. También se obtiene agua a través de la combustión de alimentos como, en general, los hidratos de carbono que son capaces de generar bastante agua en la combustión”, apunta el Dr. García.

La sed, sequedad en la piel o en las mucosas son signos de la deshidratación. “Hay que lograr no llegar a ello, ir hidratándonos y ver cómo está siendo el día (qué calor hace, cuánto me voy a exponer, qué voy a hacer…). Si podemos prever un mayor gasto, lo mejor es ir tomando esa agua de forma constante porque tampoco vamos a beber todo de forma repentina”, concluye.



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